Cuando el amor brota dentro de nosotros, aún no sabemos qué será de él. Ignoramos si encontrará otro brote dispuesto a crecer a su lado, si tendrá que esperar, si llegará demasiado pronto o si terminará viviendo únicamente en nuestro interior. Este texto recorre los caminos que pueden abrirse desde ese primer instante, cuando algo comienza a nacer en el corazón.

Cuando a una persona le gusta otra tiene dos opciones, una es compartirlo con esa otra persona y otra es guardárselo para sí.

En la primera opción, si lo comunica a la otra persona tiene también dos opciones, una es que la persona sienta igual y lo acepte encantada, y con ello, brote un amor más fuerte con la fuerza de cada amor juntas, eso sí, pueden conectarse con porcentajes diferentes de energía y de volumen del brote, y la otra opción es que en la otra persona no exista ningún, ni grande ni pequeño, brote de amor, y ella puede que acepte o no acepte que el brote de la persona se implante en ella y que ese brote intente hacer que nazca un brote en el corazón de ella. Aquí se dan de nuevo dos opciones, una es que si no acepta no hay conexión y lo lógico es que se cree distancia entre los dos, y la otra opción es que la persona se deje, que el brote de la otra persona consiga conectarse a ella y haga que en el corazón de ella salte el brote y crezca el amor, y de ahí, crezca con fuerza el amor de pareja; amor que puede nacer y crecer con fuerzas en diferentes porcentajes.

Si ha dejado que el brote de la otra persona se conecte a ella, para la persona del brote inicial vuelve a haber dos opciones, una es que no consiga hacer despertar el brote de amor en la otra persona, y entonces, si no hay separación física, sí hay separación energética de la energía del amor, o que sí lo consiga, y poco a poco, a partir de ahí, crezca ese brote fuerte que es el amor de pareja; por otro lado, la persona que tiene el brote inicial también tiene dos opciones en este último proceso, una es que se desgaste la energía en hacer brotar el amor en la otra persona y se agote o se seque su brote, y por tanto, diga adiós, al menos energéticamente, a la otra persona, y la otra opción es que lo consiga y el proceso llegue a buen puerto: el brote fuerte de amor entre las dos personas, aunque pueda ser en diferentes porcentajes.

En esta última opción existe una más, y es que el brote de la otra persona nazca en un límite, en el cual la persona del brote inicial esté en ese límite: el de extinción. Entonces, la persona del brote inicial se ha agotado y desenamorado y en la otra persona está brotando con fuerza el amor, amor que ahora ya no es correspondido, la persona quiere por fin conectarse al brote inicial de la persona, y ya no tiene este fuerza para que se dé la conexión, y la persona se quede enamorada y sin conexión con el punto de su amor, y este amor puede estar con diferentes cantidades de energía, cuanto más, será peor para ella.

Este es el proceso de la vida en el camino del amor. Saber estar atento y hacer el movimiento en su justo momento es la sabiduría del corazón.

En la segunda opción, la de guardárselo para sí, si se lo guarda para sí, tiene también dos opciones, una es dejar de regar o alimentar ese amor y que este se agote poco a poco y que se debilite y se diluya suavemente en el corazón, y la otra opción sería lo contrario, seguir alimentando ese brote y que crezca en el corazón como una maceta sembrada con un limitado espacio para que crezcan las raíces, solo crecerán sus tallos y hojas que están sueltas al aire, sin conexión con la otra persona. La persona sería como alguien que lleva en el corazón una maceta más o menos voluminosa y que le hace muy feliz. Aunque, en el fondo del corazón, bajo esa maceta se está creando un gran vacío, una gran soledad, que esta persona no ve ni siente porque tiene puesta toda su atención y energía en el exterior de la maceta: su planta. Ese gran vacío se irá convirtiendo con el tiempo en un lodo, una energía oscura que irá invadiendo todo el cuerpo espiritual de la persona, seguramente no lo mate, aunque sí disminuya o apague la vibración de su espíritu creyendo que lo que le da a su alma es el amor verdadero: esto es el amor platónico.

Dolores R. Ruiz (Lola)